La tragedia nos enseña el camino

Es fácil sentirse mexicano en el mes de septiembre con las fiestas del grito, con la comida mexicana, con el folclore y la música de los mariachis de fondo, tenemos un montón de tradiciones de la que nos sentimos orgullosos y que nos hacen asumir con gusto nuestra nacionalidad; sin embargo, tenemos grandes problemas estructurales que nos afectan como país, la gran corrupción de los gobiernos, la inseguridad y violencia que el crimen organizado ha traído a nuestras vidas, el atraso de las comunidades rurales que no cuentan con la infraestructura necesaria para su desarrollo y el olvido en que vive nuestra población indígena que no acaba de encontrar una manera digna de integrarse a la nación, sin perder su cultura y su riqueza.

Todo esto nos ha llevado a ser una sociedad en conflicto y a ver el país con desesperanza, muchas veces no sabemos cuál es camino que como nación tenemos que tomar y más cuando algunas voces del extranjero nos descalifican como nación, llamándonos, estado fallido, narcoestado o términos similares.

Sabemos que la democracia que tenemos es imperfecta y que muchas veces es manipulada, pero también sabemos que ese es un camino mucho mejor que la mano dura de un gobierno autoritario o del populismo que promete lo que no puede cumplir y que acaba destrozando el esfuerzo de miles de ciudadanos llevando el país a la ruina y al hambre.

Tenemos claro que este proyecto y esta democracia la tenemos que construir entre todos y que no nos van a regalar nada ni el gobierno ni los partidos, que este es un asunto de los ciudadanos y muchas veces no vemos con claridad cómo lograr que este poder ciudadano se convierta en acciones reales de gobierno que produzcan resultados a largo plazo.

Cuando se da un evento trágico de la magnitud de los últimos dos terremotos que hemos tenido en el país y que han dañado fuertemente la ciudad de México y los estados de Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas, vemos cómo la sociedad se organiza sola mucho más rápidamente que el gobierno, vemos como surgen de la gente lo mejor que tienen para entregarlo a los demás, son incontables los hogares que se han ofrecido a los damnificados para darles comida, alojamiento  y agua, son muchas las empresas que han puesto al servicio de la comunidad sus bienes y servicios sin costo, son miles y miles de voluntarios que se han volcado en la calle para ayudar al rescate y miles y miles de familias han donado dinero y bienes para apoyar tanto a las víctimas como a los rescatistas.

Esto nos muestra con mucha claridad que el país si tiene rumbo, que está en nosotros los ciudadanos rescatarlo, que si podemos lograr resultados cuando nos unimos en una causa común que no tiene partido ni clase social ni credo religiosos.

Esta es la ruta que debemos seguir los ciudadanos, la de rescatar el poder real que tenemos y movilizarnos para lograr construir juntos ese México que sabemos que podemos tener, recapacitemos sobre esto que estamos viviendo y unámonos en un gran proyecto que nos convierta en la gran nación que merecemos ser.