Alternativas al tratado de Libre Comercio

En las semanas de negociación que se han tenido entre los tres países, las cartas se han jugado muy conservadoramente, cada negociador defendiendo sus posiciones y todos buscando acuerdos sólidos para no perder lo ganado y tratando de no conceder demasiado, sin estirar la liga para no romperla.

Sin embargo, en medio de esas negociaciones, el presidente de los Estados Unidos amenaza con romper el hilo por lo más delgado y cancelar unilateralmente el tratado si las cosas no se dan a su gusto.

Esto que puede ser solo una bravata, genera un ambiente difícil en el campo de la negociación, es muy difícil establecer un buen entendimiento cuando la parte más poderosa del grupo, muestra un bate de béisbol como medida de presión.

Sabemos todos que es el estilo rudo del presidente, que está acostumbrado a estoy que no necesariamente dice lo que está pensando, pero de cualquier manera, nos hace pensar que si existe una posibilidad de que en determinado momento el TLC deje de existir al menos temporalmente.

Esto nos lleva a preguntarnos sobre las consecuencias que tendría para nuestro país la eventual terminación de este tratado que ha generado una de las zonas comerciales más prosperas del mundo, nos obliga a pensar en un mundo sin el tratado de libre comercio y en sus consecuencias.

México ya no es el mismo país que era antes del tratado, la industria manufacturera mexicana en su mayoría ya no es de capital nacional, la integración de partes es muy compleja y diversa, son muy pocas empresas que pueden armar un producto cien por ciento con componentes nacionales, por lo que es impensable una economía cerrada y protegida como la que existía antes del tratado, así que nos tenemos que imaginar un modelo que utilice las reglas internacionales del comercio, establecidas y aceptadas por la mayoría de los países occidentales a través de la organización internacional del comercio.

En ellas vemos que ya existen aranceles y políticas muy bien determinadas que en unos casos nos favorecen y en otras nos perjudican, pero que en su conjunto nos permiten visualizar un comercio ágil y posible aun con la terminación del TLC.

El peso que para la economía de USA tiene México no es menos significativo, una fractura en la economía mexicana, el segundo cliente de Estados Unidos, representaría muchos millones de dólares menos en las ventas de los sectores industriales y agropecuarios, pero afectaría especialmente a los estados de la franja fronteriza que dependen en mucho de la economía al sur de la frontera.

Indiscutiblemente, nuestro país sufriría un descalabro económico fuerte y los efectos sobre la moneda serian inmediatos, pero en poco tiempo, la misma diferencia de valor de la moneda, sería un aliciente para aumentar el peso del sector exportador mexicano y utilizando la nueva plataforma de aranceles de la organización mundial del comercio, comenzaría una dinamización de la economía de nuestro país.

Terminar el tratado de libre comercio no es una buena idea para nadie, pero no es tampoco el fin del mundo, tenemos que reconocer que este tratado que se hizo hace un cuarto de siglo, requiere algunas adecuaciones, los tres países que lo componen tienen mucho que aportar en esta revisión y después de una larga negociación puede ser que de ahí salga un tratado más fuerte y vigoroso para América del Norte, pero para que esto sea una verdadera negociación, se requiere de una visión y liderazgo responsables, con una gran capacidad para llegar a acuerdos que trasciendan y generen beneficios para todos los involucrados.

Estos requisitos no se pueden suplir, asomando un bate de béisbol para imponer criterios que solo evidencian su carencia.